¿El medicamento psiquiátrico sustituye la terapia psicológica? Lo que realmente sabemos

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Cuando una persona atraviesa dificultades emocionales o psicológicas, es común preguntarse cuál es el tratamiento adecuado: ¿terapia psicológica, medicamento o ambas?

También existen muchas ideas alrededor del medicamento psiquiátrico. Algunas personas temen que tomarlo signifique que su problema es “demasiado grave”; otras piensan que puede sustituir completamente el proceso terapéutico. También puede ocurrir lo contrario: que alguien considere que aceptar un medicamento significa que la terapia “no funcionó”.

La realidad es que el medicamento psiquiátrico y la psicoterapia cumplen funciones diferentes y, en determinados casos, pueden complementarse.

No existe una única respuesta que funcione para todas las personas. El tratamiento debe determinarse de acuerdo con las necesidades, características y circunstancias de cada caso.

¿Qué es un medicamento psiquiátrico?

Los medicamentos psiquiátricos son utilizados para tratar diferentes síntomas y trastornos relacionados con la salud mental.

Dependiendo del medicamento y de la situación clínica, pueden utilizarse para abordar síntomas como alteraciones importantes del estado de ánimo, ansiedad, dificultades graves del sueño, síntomas psicóticos, cambios importantes en la conducta u otras manifestaciones que requieren intervención médica.

No todos los medicamentos funcionan de la misma manera ni tienen el mismo objetivo. Algunos están destinados a tratar determinados síntomas durante periodos específicos, mientras que otros pueden formar parte de tratamientos más prolongados.

Por esta razón, la indicación, selección, dosis, duración y modificación de un medicamento deben ser determinadas y supervisadas por un profesional médico capacitado.

Tomar un medicamento psiquiátrico no debería entenderse como una decisión de “fuerza de voluntad” ni como una solución rápida para cualquier dificultad emocional.

¿Entonces qué papel tiene la psicoterapia?

La psicoterapia trabaja sobre aspectos diferentes.

En terapia se pueden explorar pensamientos, emociones, conductas, relaciones interpersonales, experiencias y patrones que influyen en el malestar de la persona.

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), por ejemplo, se analiza la relación entre pensamientos, emociones y conductas para identificar patrones que pueden estar manteniendo determinadas dificultades y desarrollar estrategias más funcionales para afrontarlas.

Esto puede incluir aprender a identificar pensamientos irracionales, modificar conductas de evitación, desarrollar habilidades para afrontar situaciones difíciles, trabajar en la regulación emocional o establecer cambios en determinados hábitos.

La terapia busca que la persona adquiera herramientas que pueda utilizar de manera activa en su vida cotidiana, no únicamente que sus síntomas disminuyan durante las sesiones.

Una forma sencilla en la que suelo explicarlo en terapia es con una metáfora: la terapia es como aprender a nadar y el medicamento puede ser como un flotador.

El flotador puede ser de gran ayuda cuando una persona está en el agua y necesita mantenerse a flote. Puede darle estabilidad y permitirle recuperar fuerzas. Pero no solo eso: en ocasiones, aprendemos a nadar más fácilmente cuando tenemos un flotador que nos da seguridad mientras desarrollamos nuestras habilidades.

De la misma manera, en determinados casos el medicamento puede ayudar a disminuir la intensidad de algunos síntomas y facilitar que la persona pueda afrontar mejor su situación, mientras que la terapia busca desarrollar herramientas que pueda seguir utilizando a lo largo de su vida.

Y utilizar un flotador mientras aprendemos a nadar no significa que nunca vayamos a poder hacerlo sin él. Tampoco significa que debamos quitárnoslo antes de estar preparados.

Esto no quiere decir que el medicamento sea algo negativo ni que la persona tenga que dejar de utilizarlo para demostrar que “ya aprendió a nadar”. Cada persona necesita diferentes apoyos y en diferentes momentos.

¿El medicamento puede sustituir la terapia?

En algunos casos, el medicamento puede formar parte central del tratamiento y, en otros, la psicoterapia puede ser el abordaje principal.

Pero no son equivalentes.

El medicamento puede ayudar a disminuir determinados síntomas mediante mecanismos biológicos y neuroquímicos. La psicoterapia, por su parte, permite trabajar sobre procesos psicológicos y conductuales relacionados con el problema.

Por ejemplo, una persona puede experimentar una reducción significativa de la ansiedad después de iniciar un tratamiento y, aun así, continuar evitando determinadas situaciones por miedo.

Otra persona puede presentar una mejoría en su estado de ánimo, pero seguir teniendo pensamientos de autocrítica, dificultades en sus relaciones o patrones conductuales que afectan su bienestar.

La disminución de los síntomas y el desarrollo de nuevas habilidades no necesariamente ocurren de la misma manera ni a través del mismo tratamiento.

¿Por qué en algunos casos se combinan?

Hay situaciones en las que la combinación de psicoterapia y medicamento puede ser una alternativa adecuada.

Cuando los síntomas son intensos, pueden interferir con el sueño, la concentración, la motivación, el trabajo, las relaciones o incluso con la capacidad de participar activamente en determinadas actividades.

En estos casos, el tratamiento farmacológico puede contribuir a reducir algunos síntomas y facilitar que la persona tenga mejores condiciones para trabajar en terapia.

Esto no significa que todas las personas que reciben psicoterapia necesiten medicamentos.

El objetivo no es utilizar todas las herramientas disponibles, sino utilizar las que sean necesarias para cada persona.

La decisión depende de factores como el tipo de problema, la intensidad y duración de los síntomas, los antecedentes, el funcionamiento cotidiano y la respuesta a tratamientos anteriores, entre otros aspectos.

Tomar un medicamento no significa que la terapia haya fracasado

Esta es una idea importante de cuestionar.

Necesitar un medicamento psiquiátrico no significa que una persona haya fracasado en terapia ni que no haya puesto suficiente esfuerzo en su recuperación.

Los problemas de salud mental no dependen únicamente de la voluntad.

Del mismo modo, comenzar un tratamiento farmacológico tampoco significa que la persona deba abandonar la psicoterapia.

Puede ocurrir que una persona necesite diferentes herramientas en diferentes momentos de su proceso. Incluso las necesidades pueden cambiar con el tiempo.

Por eso, recibir un medicamento no debería interpretarse como una señal de fracaso, sino como una posible herramienta dentro de un tratamiento individualizado.

¿Y si una persona prefiere no tomar medicamentos?

También es válido hablar de las preocupaciones que pueden existir alrededor de los medicamentos.

Algunas personas tienen miedo a los efectos secundarios, a sentirse diferentes, a depender de un medicamento o a pensar que “ya no serán ellas mismas”.

Estas preocupaciones merecen ser escuchadas y discutidas con el profesional que lleva el tratamiento.

La decisión debe basarse en información adecuada y en una valoración individual, no en experiencias aisladas de otras personas o en información encontrada en redes sociales.

Al mismo tiempo, rechazar automáticamente cualquier medicamento por considerarlo “malo” puede ser tan poco útil como asumir que cualquier dificultad emocional requiere medicación.

No se trata de estar a favor o en contra del medicamento. Se trata de determinar cuándo puede ser útil y cuándo no.

¿Quién decide si una persona necesita un medicamento?

El medicamento psiquiátrico debe ser indicado y supervisado por un profesional médico con la formación correspondiente, como un psiquiatra.

El psicólogo puede evaluar aspectos psicológicos, identificar síntomas, trabajar sobre pensamientos y conductas y dar seguimiento al proceso psicoterapéutico, pero no prescribe medicamentos.

Cuando una persona recibe ambos tipos de tratamiento, puede ser beneficioso que exista comunicación y coordinación entre los profesionales involucrados, siempre respetando la confidencialidad y el consentimiento de la persona.

Un abordaje coordinado permite observar el proceso desde diferentes perspectivas y realizar los ajustes necesarios cuando corresponda.

¿Se debe suspender el medicamento cuando uno se siente mejor?

Sentirse mejor es, precisamente, uno de los objetivos del tratamiento, pero la mejoría no significa automáticamente que sea momento de suspender un medicamento.

La decisión de reducir, cambiar o suspender un medicamento debe realizarse con el médico que lo prescribe.

Algunos medicamentos requieren ajustes graduales y suspenderlos de manera repentina puede provocar problemas o síntomas de retirada.

Por eso, aunque una persona se sienta bien, es importante consultar antes de realizar cualquier cambio.

Más que elegir entre terapia o medicamento

Una de las ideas que más puede limitar el acceso adecuado a tratamiento es pensar que necesariamente debemos escoger entre una alternativa y otra.

En realidad, el abordaje puede variar.

Una persona puede beneficiarse principalmente de psicoterapia. Otra puede necesitar tratamiento farmacológico. Otra puede requerir ambos. Y las necesidades de una misma persona pueden cambiar a lo largo del tiempo.

La pregunta más útil no es:

”¿Qué es mejor: terapia o medicamento?”

Sino:

”¿Qué necesita esta persona en este momento y qué tratamiento puede ayudarle de manera más adecuada?”

La salud mental no funciona con soluciones universales. Cada tratamiento debe considerar la historia, los síntomas, las necesidades y los objetivos de la persona.

El medicamento psiquiátrico puede ser una herramienta importante cuando está indicado. La psicoterapia también puede aportar herramientas fundamentales para comprender y modificar patrones que afectan el bienestar.

No necesariamente se trata de elegir una u otra. En determinados casos, se trata de saber cómo pueden complementarse.

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación psicológica o médica. La indicación, modificación o suspensión de cualquier medicamento debe realizarse bajo la supervisión del profesional de salud correspondiente.

Jessica Brizuela Bastien
Psicóloga clínica cognitivo-conductual