Mitos sobre los medicamentos psiquiátricos: 7 ideas que pueden generar miedo o confusión

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Hablar de medicamentos psiquiátricos suele despertar muchas dudas. Algunas personas los consideran una herramienta indispensable; otras sienten temor ante la posibilidad de tomarlos.

Entre ambos extremos existen numerosos mitos que pueden influir en la decisión de buscar ayuda o seguir adecuadamente un tratamiento.

Frases como “si empiezo a tomarlo, lo necesitaré para siempre”, “los medicamentos cambian mi personalidad” o “si tomo medicamento ya no necesito terapia” son ideas que pueden generar miedo y confusión.

Por eso, antes de tomar una decisión, es importante diferenciar entre información, experiencias personales y creencias que no necesariamente aplican a todos los casos.

Estos son algunos de los mitos más frecuentes.

Mito 1: “Si tomo un medicamento psiquiátrico, significa que mi problema es muy grave”

No necesariamente.

La indicación de un medicamento depende de múltiples factores, entre ellos los síntomas que presenta la persona, su intensidad, duración, impacto en la vida cotidiana y antecedentes.

Una persona puede recibir medicamento como parte del tratamiento sin que esto signifique que su situación sea “más grave” que la de alguien que únicamente recibe psicoterapia.

Además, existen diferentes tipos de medicamentos y diferentes objetivos terapéuticos.

Tomar un medicamento no es una medida de la gravedad de una persona ni de su fortaleza.

Mito 2: “Si empiezo a tomarlo, voy a necesitarlo para siempre”

Tampoco necesariamente.

La duración de un tratamiento farmacológico depende del medicamento, del problema que se está tratando, de la evolución de la persona y de otros factores clínicos.

Hay situaciones en las que un medicamento puede utilizarse durante un periodo determinado y otras en las que puede ser necesario un tratamiento más prolongado.

Por eso, no es posible determinar de antemano cuánto tiempo necesitará una persona un medicamento sin una valoración individual.

Y algo importante: la duración del tratamiento no debe decidirse por cuenta propia. Reducir, cambiar o suspender un medicamento debe hacerse con el profesional médico que lo prescribe.

Mito 3: “Los medicamentos psiquiátricos cambian quién eres”

Esta preocupación es bastante frecuente.

Una persona puede temer sentirse “apagada”, dejar de ser ella misma o perder el control de sus emociones.

Sin embargo, el objetivo de un tratamiento adecuado no es cambiar la personalidad de alguien, sino ayudar a disminuir síntomas que están afectando su funcionamiento y bienestar.

Esto no significa que todos los medicamentos tengan los mismos efectos ni que todas las personas respondan de la misma manera.

Si una persona nota cambios que le preocupan, efectos secundarios o siente que el medicamento no le está ayudando como esperaba, es importante comunicarlo al médico que lleva su tratamiento.

Un medicamento adecuado para una persona puede no ser el adecuado para otra.

Mito 4: “Si tomo medicamento, ya no necesito terapia”

El medicamento y la psicoterapia no cumplen necesariamente la misma función.

El medicamento puede ayudar a disminuir determinados síntomas, mientras que la terapia permite trabajar sobre pensamientos, emociones, conductas y patrones relacionados con el problema.

En algunos casos puede utilizarse únicamente uno de estos recursos y, en otros, pueden complementarse.

Por ejemplo, una persona puede experimentar una reducción de sus síntomas con el medicamento, pero continuar evitando determinadas situaciones, teniendo pensamientos irracionales o manteniendo patrones de conducta que afectan su bienestar.

La terapia puede ayudar a trabajar precisamente sobre estos aspectos.

Mejorar los síntomas y desarrollar nuevas herramientas no siempre son la misma cosa.

Mito 5: “Tomar medicamento significa que no pude resolverlo por mí mismo”

Este mito suele estar relacionado con la idea de que pedir ayuda demuestra debilidad.

Pero los problemas de salud mental no se resuelven únicamente con fuerza de voluntad.

Del mismo modo que buscamos atención médica cuando tenemos un problema físico, podemos necesitar apoyo profesional cuando nuestra salud mental se ve afectada.

Utilizar una herramienta disponible no significa que una persona sea incapaz.

De hecho, una forma en la que suelo explicarlo en terapia es mediante una metáfora: la terapia es como aprender a nadar y el medicamento puede ser como un flotador.

En ocasiones, el flotador nos ayuda a mantenernos a flote y a sentirnos más seguros mientras desarrollamos las habilidades necesarias para nadar.

Necesitar apoyo durante el proceso no significa que no podamos aprender a hacerlo.

Mito 6: “Si me siento mejor, puedo dejar el medicamento”

Sentirse mejor es una señal positiva, pero no significa automáticamente que sea momento de suspender el tratamiento.

En algunos casos, la mejoría puede ser precisamente el resultado de que el tratamiento está funcionando.

Suspender un medicamento de manera repentina puede provocar problemas o síntomas de retirada dependiendo del medicamento y de las características de cada persona.

Por eso, cualquier modificación debe realizarse con el profesional que lo prescribe.

No es recomendable suspender, reducir o cambiar un medicamento por cuenta propia, aunque la persona se sienta completamente bien.

Mito 7: “Los medicamentos psiquiátricos son malos y es mejor evitarlos siempre”

Este es otro de los extremos.

Los medicamentos psiquiátricos, como cualquier tratamiento médico, pueden tener beneficios, riesgos y posibles efectos secundarios.

La pregunta no debería ser si los medicamentos son “buenos” o “malos”, sino si un medicamento determinado está indicado para una persona determinada y si los beneficios esperados justifican su utilización.

Esa valoración corresponde al profesional médico que conoce el caso.

Rechazar cualquier medicamento por miedo puede impedir que una persona reciba un tratamiento que podría beneficiarla. Pero pensar que toda dificultad emocional requiere medicación también puede llevar a tratamientos innecesarios.

Por eso, la información y la valoración individual son fundamentales.

¿Qué hacer cuando tenemos dudas sobre un medicamento?

Tener dudas es completamente válido.

Antes de comenzar un tratamiento, es recomendable preguntar al profesional que lo prescribe:

  • ¿Para qué se está indicando este medicamento?
  • ¿Qué beneficios se esperan?
  • ¿Qué posibles efectos secundarios pueden aparecer?
  • ¿Cuánto tiempo podría ser necesario utilizarlo?
  • ¿Qué debo hacer si noto algún cambio que me preocupa?
  • ¿Qué ocurre si en algún momento se considera necesario suspenderlo?

 

Contar con información clara permite tomar decisiones de manera más consciente y reduce el riesgo de basarse únicamente en experiencias de otras personas o en información encontrada en internet.

También es importante recordar que no todas las personas responden igual al mismo medicamento.

Medicación y terapia: herramientas que pueden complementarse

La medicación psiquiátrica no tiene que verse como un sustituto de la terapia ni como una señal de fracaso.

Tampoco debería idealizarse ni rechazarse automáticamente.

Cada persona puede necesitar un abordaje diferente y sus necesidades pueden cambiar a lo largo del proceso.

En algunos casos, la psicoterapia puede ser suficiente. En otros, el tratamiento farmacológico puede ser necesario. Y en determinadas situaciones, ambos pueden complementarse.

La clave está en contar con una valoración profesional adecuada y evitar tomar decisiones basadas únicamente en mitos, miedo o experiencias ajenas.

Buscar ayuda no significa que no puedas hacerlo por ti mismo. Significa reconocer cuándo necesitas una herramienta y permitirte utilizarla.

 

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación psicológica o médica. La indicación, modificación o suspensión de cualquier medicamento debe realizarse bajo la supervisión del profesional de salud correspondiente.

Jessica Brizuela Bastien
Psicóloga clínica cognitivo-conductual