Octubre tiene algo particular: todavía faltan varios meses para que termine el año, pero de pronto comenzamos a sentir que el tiempo se nos está acabando.
Quizá al comenzar el año tenías una lista de cosas que querías hacer, cambiar o conseguir. Algunas sucedieron, otras quedaron a medias y algunas ni siquiera comenzaron. Y entonces aparece ese pensamiento: “Ya se me fue el año”.
Detrás de él pueden aparecer otros como “debería haber avanzado más”, “para estas fechas ya tendría que haberlo logrado”, “siempre hago lo mismo”, “ya no tiene caso empezar” o “ahora tendré que esperar hasta el próximo año”.
Pero ¿realmente significa que el año se te fue de las manos?
Cuando evaluamos nuestra vida como si fuera una lista de pendientes
Es común que, al acercarse el último trimestre del año, hagamos una especie de revisión mental de todo lo que queríamos conseguir. El problema aparece cuando esa evaluación deja de ser una revisión de lo ocurrido y comienza a convertirse en un juicio sobre nosotros mismos.
No solamente pensamos: “No terminé este proyecto”, sino también: “No soy constante”. No solamente: “No hice el viaje que quería”, sino: “Otra vez dejé pasar el tiempo”.
Un resultado concreto comienza a convertirse en una conclusión sobre nuestra persona. Y cuando eso ocurre, ya no estamos evaluando solamente una situación; estamos utilizando esa situación para definirnos.
En terapia cognitivo-conductual trabajamos precisamente con este tipo de pensamientos, porque la manera en que interpretamos una situación influye directamente en cómo nos sentimos y en lo que hacemos después.
Si interpreto no haber cumplido una meta como una prueba de que “no puedo ser constante”, probablemente me resulte más difícil volver a intentarlo. Si, en cambio, puedo reconocer que no cumplí esa meta y preguntarme qué ocurrió, tengo más posibilidades de entenderlo y decidir qué hacer diferente.
El pensamiento de “ya es demasiado tarde”
Uno de los pensamientos que pueden aparecer en esta época es el de todo o nada. Si no cumpliste una meta en el momento que habías establecido, puede parecer que ya no cuenta, que perdiste la oportunidad o que ya no tiene sentido intentarlo.
Pero una meta no pierde su valor porque no haya ocurrido en la fecha que imaginabas. Que algo no haya sucedido todavía no significa que no pueda suceder, y tampoco significa que hayas fracasado.
A veces necesitamos cambiar el plazo porque nuestras circunstancias cambiaron. Otras veces necesitamos modificar la estrategia porque la que utilizamos no funcionó. Y también puede ocurrir que descubramos que aquello que queríamos en enero ya no representa lo que queremos ahora.
Ninguna de estas posibilidades significa necesariamente que hayamos fracasado. También pueden formar parte de revisar nuestras decisiones y ajustar el camino.
Compararnos con lo que imaginamos que deberíamos haber logrado
Otra fuente de malestar es comparar nuestra situación actual con una versión de nosotros mismos que construimos meses atrás.
En enero quizá tenías una idea muy diferente de cómo sería este año. Podías tener determinados planes, prioridades y expectativas, pero todavía no sabías qué iba a ocurrir.
No conocías las dificultades que aparecerían, los cambios que tendrías que enfrentar, las oportunidades que llegarían ni las situaciones que podrían modificar tus prioridades.
Por eso, evaluar tu año únicamente con base en lo que habías planeado al comenzar puede ser injusto. Estás comparando tu realidad actual con un plan que fue elaborado con información que ya no es la misma.
No necesitas demostrar que cumpliste exactamente el plan original. Puede ser mucho más útil preguntarte qué tiene sentido para ti ahora, con todo lo que hoy sabes y con las circunstancias que actualmente tienes.
Octubre no es una sentencia
Todavía quedan meses, aunque a estas alturas del año puede sentirse como si ya no hubiera tiempo suficiente para hacer nada.
Quizá no puedas completar todo lo que imaginaste en enero. Y está bien reconocerlo. Pero eso no significa que no puedas elegir una o dos cosas que todavía sean importantes para ti y trabajar en ellas.
En lugar de preguntarte: “¿Cómo recupero todo lo que no hice?”, puedes preguntarte: “¿Qué sería valioso hacer de aquí al final del año?”
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia el enfoque. La primera pregunta parte de la idea de que tienes que recuperar algo que perdiste; la segunda te lleva a pensar qué puedes hacer con el tiempo que todavía tienes.
No se trata de llenar los meses que quedan con nuevas obligaciones para sentir que “salvaste” el año. Se trata de elegir aquello que realmente merece tu atención.
No necesitas esperar a enero
A veces utilizamos el cambio de año como una especie de permiso para comenzar. Nos decimos “en enero empiezo”, “en enero me organizo” o “en enero ahora sí”.
Esperar hasta enero puede hacernos sentir que todavía tenemos tiempo para prepararnos, pero también puede convertirse en una manera de seguir posponiendo algo que ya sabemos que queremos hacer.
No existe una regla que diga que los cambios importantes solamente pueden comenzar el primer día del año. Puedes empezar en octubre, en noviembre o cualquier otro día.
Y comenzar no significa comprometerte a transformar toda tu vida de inmediato. Puede significar algo mucho más sencillo: dar un primer paso pequeño y realista, revisar una decisión que llevas meses posponiendo o retomar algo que sigue siendo importante para ti.
Una revisión diferente del año
Si sientes que este año no ha sido como esperabas, prueba hacer una revisión diferente. En lugar de hacer únicamente una lista de todo lo que no lograste, pregúntate:
- ¿Qué sí hice este año que antes me parecía difícil?
- ¿Qué aprendí sobre mí?
- ¿Qué situaciones atravesé que no estaban contempladas en mis planes?
- ¿Qué cosas ya no quiero perseguir?
- ¿Qué quiero conservar de este año?
- ¿Qué me gustaría hacer diferente durante los próximos meses?
- ¿Cuál es una meta concreta que todavía tiene sentido para mí?
Estas preguntas no buscan convertir todo lo ocurrido en algo positivo ni obligarte a encontrar una enseñanza en cada experiencia. Algunas cosas simplemente no salieron como querías y también es válido reconocerlo.
La intención es hacer una evaluación más completa. Mirar lo que no lograste, pero también aquello que sí ocurrió; reconocer lo que quieres cambiar, pero también lo que aprendiste; identificar las metas que todavía tienen sentido y permitirte dejar atrás las que ya no.
Tal vez no necesitas terminar el año cumpliendo todo
Quizá el objetivo de los últimos meses no sea “salvar el año”.
Tal vez sea simplemente dejar de esperar a que llegue otro enero para hacer algo que ya sabes que quieres comenzar.
El año no se mide únicamente por las metas que aparecen tachadas en una lista. También está compuesto por decisiones, aprendizajes, cambios de dirección y momentos que no habías planeado.
Y, sobre todo, no necesitas convertir lo que no lograste en una medida de tu valor personal.
Si octubre te encuentra pensando que “ya es demasiado tarde”, detente un momento y revisa ese pensamiento. Pregúntate si realmente es demasiado tarde o si simplemente no ocurrió en el momento que habías imaginado.
Tal vez no necesitas recuperar el tiempo.
Tal vez necesitas dejar de utilizar el tiempo que queda para castigarte por el que ya pasó.
Jessica Brizuela Bastien
Psicóloga clínica cognitivo-conductual